Esclerosis Múltiple. Ver vídeo descriptivo

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ABDEM presta servicios asistenciales desde el año 1994. Dispone del que actualmente es el único Centro Sociosanitario de neurorehabilitación (rehabilitación integral) de nuestra Comunidad. Por este motivo, los usuarios de nuestros servicios son derivados en su inmensa mayoría por los Servicios de Neurología de los diferentes hospitales. Por otra parte, los servicios del centro están en gran medida financiados por el Instituto Mallorquín de Servicios Sociales por la labor que realizamos de promoción de la autonomía personal a todos los niveles (físico-psicológico-social) y de prevención de la dependencia.

Prestamos una atención de alta calidad, muy bien valorada por las personas a las que atendemos. El tratamiento se caracteriza por ser integral, individualizado, interdisciplinario, intensivo, y continuado en el tiempo en el caso de las personas que lo requieren. El equipo profesional asistencial está conformado por 4 fisioterapeutas, 1 neuropsicóloga, 1 psicóloga clínica, 1 terapeuta ocupacional, 1 trabajador social, 1 logopeda, 1 médico rehabilitador, 3 auxiliares de clínica y 3 trabajadores familiares. Todos ellos han recibido formación específica en neurorehabilitación, y participan en un plan de formación continua en éste ámbito.

Desde el Centro se impulsa la puesta en marcha de proyectos piloto innovadores. Se han implantado programas de hipoterapia, neurorehabilitación domiciliaria, y apoyo a familiares y cuidadores. Estamos investigando la viabilidad de la puesta en marcha de un servicio de telerehabilitación, en el que participan, además del nuestro, tres centros de rehabilitación de Mallorca, Menorca e Ibiza.

PERFIL DE LOS USUARIOS DE LOS SERVICIOS

A lo largo del año 2008 hemos atendido en el centro a 132 usuarios Se trata principalmente de personas que residen en Palma (48%), casadas (61%) y con una media de 2 hijos. Las dos terceras partes son mujeres (69%). El promedio de edad es de 48 años, oscilando entre los 22 y los 74 años, la mayoría entre 35 y 55 años (62%). Casi todas tienen la incapacidad laboral, y más de un 65% de grado de minusvalía (53%).

Desde el punto de vista asistencial, sin embargo, cabe diferenciar entre tres grupos de usuarios, que requieren de una atención con importantes particularidades:

  1. El 44% de los usuarios son personas con alto nivel de dependencia de terceras personas para realizar cualquier actividad de la vida diaria. Se trata sobre todo de personas con un alto grado de discapacidad física y que en el 35% de los casos presentan algún déficit cognitivo, bien producido por las lesiones neurológicas, bien por la falta de estimulación de las capacidades cognitivas. La intervención asistencial se centra en la prevención de posibles complicaciones de salud derivadas de la inmovilidad (rigideces, úlceras de presión, disfagia, etc.), preservar las capacidades físicas y cognitivas conservadas, tratar los déficits cognitivos y en general, la promoción de actividades que favorezcan el bienestar psicológico del usuario y de su familia, y su inclusión social. 
  2. El 44% de los usuarios son personas con un nivel alto o medio de autonomía para las actividades de la vida diaria. La mayoría presenta déficits en la capacidad de deambulación, que les obliga al uso de ayudas técnicas, generalmente bastón, férulas y muletas. En general, no presentan alteraciones de tipo cognitivo. La intervención asistencial se centra en maximizar la autonomía de los usuarios, básicamente con la rehabilitación de las capacidades físicas afectadas, especialmente tras los episodios de brotes. También en potenciar las capacidades físicas conservadas, educando en el uso de ayudas técnicas, previniendo la aparición de déficits cognitivos por falta de estimulación y en general promocionando actividades que favorezcan el bienestar psicológico del usuario y de su familia, y su inclusión social.
  3. El 12% de los usuarios son personas con un alto nivel de autonomía. La mayoría requieren tratamiento rehabilitador de forma puntual tras un episodio de brote. La intervención asistencial se centra en el tratamiento rehabilitador de las capacidades alteradas por el brote, ya sean físicas o cognitivas, y en actuaciones preventivas para la promoción de un estilo de vida saludable. En este sentido, cabe destacar la importancia de la atención psicosocial, más teniendo en cuenta la directa relación entre la aparición de brotes y el estrés físico y emocional.