Esclerosis Múltiple. Ver vídeo descriptivo
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Tratamientos. ¿Puede tratarse la esclerosis múltiple?

Aunque en la actualidad la esclerosis múltiple no tiene cura, sí existen varios medicamentos destinados a retrasar su progresión y aliviar los diversos síntomas y efectos secundarios que pueden presentarse. Por otro lado, son muchos los afectados que experimentan una buena evolución sin ningún tipo de terapia. Las remisiones espontáneas (aquellas que ocurren de forma natural y sin medicación) pueden dificultar la valoración de los efectos terapéuticos de tratamientos experimentales. Sin embargo, la evidencia de que las imágenes de resonancia magnética pueden trazar el desarrollo de las lesiones, posibilita que los científicos puedan evaluar esas nuevas terapias.

Hasta hace pocos años, los principales medicamentos utilizados para tratar la esclerosis múltiple eran los esteroides, que poseen propiedades antiinflamatorias. Entre éstos figuran la hormona adrenocorticotrópica (conocida como ACTH), la prednisona, la prednisolona, la metilprednisolona, la betametasona y la dexametasona. Los ensayos llevados a cabo indican que la metilprednisolona administrada por vía intravenosa puede ser superior a la ACTH intravenosa, más indicada para los pacientes que experimentan recaídas severas. No existen pruebas sólidas que apoyen el uso de estos medicamentos para tratar formas progresivas de esclerosis múltiple. Además, hay algunos indicios de que los esteroides pueden ser más apropiados para aquellas personas con esclerosis múltiple que presentan síntomas de movimiento en lugar de síntomas sensoriales.

Si bien los esteroides no afectan a la evolución de la enfermedad en el tiempo, sí pueden reducir la duración y la severidad de los ataques en algunos pacientes. Se desconoce el mecanismo por el que se obtienen estos efectos. Un estudio indica que los medicamentos actúan restableciendo la eficacia de la barrera hematoencefálica. Debido a que los esteroides pueden producir numerosos efectos secundarios adversos (acné, aumento de peso, convulsiones, psicosis), no se recomiendan para uso a largo plazo.

Una de las áreas de investigación más prometedoras en el campo de la esclerosis múltiple es la de las proteínas antivirales que actúan naturalmente y que se conocen como interferones. Se ha demostrado que el interferón beta reduce el número de exacerbaciones y puede contribuir a ralentizar la progresión de la incapacidad física. Cuando suceden los brotes (ataques agudos), éstos tienden a ser de menor duración y menos severos. Además, las imágenes de resonancia magnética sugieren que el interferón beta puede reducir la destrucción de la mielina.

En la actualidad existen seis fármacos que modifican la enfermedad, aprobados por la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) en Europa para las formas de Esclerosis Múltiple caracterizadas por recaídas periódicas. Ninguno de ellos cura la enfermedad. Ninguno previene los síntomas recurrentes, tales como la fatiga o el adormecimiento, que típicamente aparecen y desaparecen en una hora o un día. Todos estos fármacos han demostrado ser parcialmente eficaces. Desafortunadamente, ninguno de los fármacos modificadores está aprobado para tratar la Esclerosis Múltiple del tipo progresiva primaria, la que se presenta con una progresión continua de la enfermedad desde su inicio.

La decisión acerca del medicamento a emplear debe hacerse teniendo en cuenta los siguientes factores: 

  • El estilo de vida individual
  • Los efectos secundarios
  • El riesgo potencial
  • El beneficio de cada una de las terapias

La mejor manera de elegir uno de estos tratamientos es mantener una conversación detallada con su médico. Cada persona puede responder de diferente manera a estos fármacos.

Los siguientes cuadros presentan algunos de los factores más importantes. Rebif®, Copaxone®, Betaferon® y Avonex® son fármacos autoinyectables de uso a largo plazo; ellos modulan el sistema inmunológico (significa que ajustan o modifican cómo funciona el sistema inmunológico). Tysabri®, que también es un fármaco inmuno-modulador, se administra por infusión intravenosa. Novantrone® es un inmuno-supresor poderoso del sistema inmunológico, suministrado mediante una infusión intravenosa en una clínica, centro de infusión u hospital.

 

Resumen actualizado de los tratamientos para modificar el curso de la enfermedad

 

Brotes Agudos

Los corticoesteroides reducen la inflamación del sistema nervioso central (SNC) y puede contribuir a eliminar los ataques del sistema inmune contra la mielina, así como a mejorar la transmisión eléctrica. Estos fármacos son tratamientos comunes para las recaídas, aunque no alteran el curso de la enfermedad a largo plazo, y pueden perder eficacia si se abusa de ellos.

La pauta más utilizada es la megadosis de metilprednisolona intravenosa durante un período de tres a cinco días, seguido de pauta descendente de corticoides orales durante aproximadamente dos semanas. Las siguientes son, dependiendo de la gravedad del ataque y la constitución del paciente, las dosis diarias más habituales:

  • 5 días x 500 mg
  • 3 días x 1000 mg
  • 5 días x 1000 mg
  • 5 días x 2000 mg (en casos muy graves)

Debido a que la cortisona se absorbe con facilidad en el tracto digestivo, se puede alargar el tratamiento en forma de pastillas a lo largo de hasta tres semanas, disminuyendo las dosis progresivamente. Si tras el fin del tratamiento todavía existen síntomas, la Sociedad Alemana de Esclerosis Múltiple recomienda un segundo tratamiento de cortisona con el doble de dosis.

Existe la posibilidad de realizar sólo un tratamiento oral, pero se ha demostrado que un tratamiento de 100 mg o menos al día y una disminución de la dosis hacia el final no es tan efectivo como el tratamiento intravenoso. 

Progresión de la Enfermedad

MODIFICACIÓN DEL CURSO DE LA ENFERMEDAD
Desde que aparecieron los llamados agentes modificadores de la enfermedad (inteferones beta y el glatiramero), se consideró que la esclerosis múltiple remitente recidivante era una enfermedad posible de tratar. Las investigaciones muestran que el proceso inflamatorio o los otros aspectos de los procesos de la esclerosis múltiple, provocan daños irreversibles a los tejidos nerviosos, por este motivo, muchos especialistas están haciendo presión para que aquellos pacientes que tengan la enfermedad activa, sean tratados tan pronto como les sea diagnosticada la EM, con los nuevos agentes modificadores de la enfermedad, ya sea con interferones o con glatiramer. Otros afirman que hasta que no se sepa más, la mejor opción, actualmente, es utilizar resonancias magnéticas para poder determinar el riesgo que tienen los pacientes a los que se les acaba de diagnosticar la enfermedad, de que esta progrese. Aquellos pacientes que muestren altos índices de actividad de la enfermedad tienen más posibilidades de recibir antes tratamiento.

Los interferones (que reciben este nombre porque interfieren en la reproducción de los virus) eliminan la reacción inmunológica y tienen propiedades antivíricas. El interferón beta parece bloquear algunos factores inmunes importantes, que incluyen los conocidos como moléculas MHC clase II, que están asociadas al ataque contra la mielina. Además, contribuyen a que se abra la brecha de la barrera hematoencefálica que permite que las células T que destruyen la mielina puedan pasar. Entre los fármacos interferón beta se encuentran el IFN1b (betaferon) y el IFN1a (avonex, Rebif). Algunos estudios indican que estos tres preparados reducen los ataques, de manera general en un 30% y que aún son más efectivos para reducir recaídas graves. Según se ha mostrado en las resonancias magnéticas, la actividad de la enfermedad se reduce en un 80%. Ahora mismo, estos son los tratamientos que se utilizan para la esclerosis múltiple remitente recidivante. Los especialistas aseguran que este tratamiento se debería aplicar desde el principio y que se debería seguir aplicando a largo plazo, a pesar de que todavía está por determinar la duración ideal. Un estudio mostró que cuando se aplicaba discontinuamente un interferón, después de seis meses, la actividad de la enfermedad se había incrementado.

Muchos de los pacientes que se inyectan Betaferon se quejan de fuertes dolores en la zona en la que se le inyectó, debido al tejido dañado. Es posible que se forme tejido necrótico alrededor de esa zona, y muchos pacientes a los que se les ha administrado Betaferon han notado que tenían erupciones cutáneas. Estas heridas cicatrizan una vez se ha eliminado el fármaco, pero la cicatriz queda presente. Este efecto secundario, no es tan severo con la aplicación de Avonex. Después de cada inyección, ambos fármacos provocan síntomas parecidos a los de la gripe, como por ejemplo, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, mareos y torpeza. Muchos de estos síntomas se pueden prevenir si se aplica paracetamol u otros calmantes, justo antes de la inyección y si el paciente se va a la cama inmediatamente después. Normalmente, desaparecen tras dos o tres meses. Tanto el interferón IFN1b como el IFN1a también han sido relacionados con la depresión durante los dos primeros meses posteriores a la terapia inicial.

Sin embargo, no está claro si aquellos pacientes que no estaban deprimidos antes de empezar el tratamiento también sufren este efecto secundario. En un período de tres años, entre el 35% y el 40% de los pacientes desarrollan anticuerpos contra el Betaferon que neutralizan algunos de sus efectos.

Se están realizando estudios para comparar los interferones entre sí y con el glatiramer, el otro nuevo agente importante para la EM (véase más abajo). El Betaferon (IFN1b) se tiene que inyectar cada dos días. El Avonex, uno de los agentes IFN1a, se administra semanalmente a través de una inyección y el otro fármaco IFN1a, Rebif, se administra tres veces a la semana. Investigaciones recientes sugieren que la aplicación semanal de Avonex tiene poca eficacia y que el resultado óptimo se consigue con dosis más elevadas y más frecuentes. (Aún no se ha realizado ninguna investigación que compare Rebif con Avonex.). Entre los dos fármacos, IFN1a tienen menos efectos secundarios graves en la zona de la inyección que el Betaferon y por el momento, los resultados muestran que se mantienen más resistentes a los anticuerpos. Los estudios no se ponen de acuerdo sobre si el IFN1a tiene un efecto más pronunciado en frenar el desarrollo de la incapacidad que el IFN1b. Aquellos que defienden el IFN1b argumentan que se ha demostrado que tras dos años, es mucho más efectivo para reducir las lesiones y los índices de recaídas, que el IFN1a. Betaferon y Rebif están aprobados para las formas secundarias progresivas que presenten brotes.

El acetato de glatiramero (Copaxone) antiguamente llamado Cop-1 o copolimer-1, es una molécula sintética creada para imitar la proteína básica que se encuentra en la mielina. Actualmente se está utilizando como reclamo para engañar a los glóbulos blancos, con el fin de que ataquen a esta molécula en lugar de atacar la mielina. Según los estudios, aquellos pacientes que utilizan glatiramer notan una reducción de las recaídas de hasta un 30%. Los beneficios han durado durante como mínimo tres años y un estudio demuestra que la eficacia se mantiene tras ocho años de tratamiento. Los mejores resultados se obtienen con aquellos pacientes que se encuentran en las primeras etapas de la enfermedad, y cuanto más tiempo se toma este fármaco, mejores son los resultados. Aproximadamente un 15% de los pacientes sufren los efectos secundarios, normalmente justo después de la inyección. Estos efectos incluyen dolor en la zona de la inyección, dolor en el pecho, pulsaciones cardiacas aceleradas, ardores, ansiedad y dificultad respiratoria. Este fármaco no frena el desarrollo de la EM, y, hasta ahora, ha tenido poco efecto en la EM progresiva crónica. En un estudio comparativo que se realizó en 1999, el glatiramer resultó tan eficaz como el IFN1b; además, no presenta el cuadro pseudogripal como efecto secundario y no comporta el riesgo de desarrollo de anticuerpos neutralizantes.

Los tratamientos de inmunoglobulina intravenosa consisten en dosis mensuales de infusiones de anticuerpos naturales que parecen aportar algunos beneficios ligeros en casos de EM remitente recidivante. En un estudio llevado a cabo durante dos años, el 31% de los pacientes de EM remitente recidivante que fueron tratados, mejoró; el 16% empeoró con sus síntomas y el 50% no notaron cambios. Los especialistas todavía no están seguros de por qué este tratamiento funciona y desconocen si afecta directamente en el desarrollo de la enfermedad. Este tratamiento es extremadamente caro. Uno de los centros en los que se aplica, informó que resultó ser tres veces más costoso que el tratamiento con interferones o con glatiramer.

Síntomas y Efectos Secundarios

La fatiga es uno de los síntomas más comunes de la EM y uno de los más debilitantes. En un estudio, caso la mitad de todos los pacientes con esclerosis múltiple se sentían fatigados, como mínimo una vez a la semana. La fatiga puede ser suave o totalmente debilitante. Los factores psicológicos, como el sentimiento de impotencia ante los síntomas o la hipersensibilidad a sensaciones físicas, parecen ser los principales causantes de la fatiga. Algunos fármacos, como la amantadina (Symmetrel) o la pemolina (Cylert) pueden ayudar a reducir la fatiga en pacientes de EM. Los efectos secundarios de la pemolina incluyen pérdida de apetito, irritabilidad e insomnio; también puede conducir al abuso o a la adicción. Como resultado, la mayoría de neurólogos reservan la pemolina para que los pacientes con fatiga debilitante la tomen justo antes de realizar tareas importantes. Al principio, se tenía la esperanza de que estos fármacos ayudaran a mejorar el funcionamiento de la mente, pero un estudió lo negó. También se utilizan algunos fármacos antidepresivos inhibidores de la recepción de serotonina, como la fluoxetina o la parexetina.
Uno de los primeros síntomas de la esclerosis múltiple es la espasticidad, que se caracteriza por un aumento del tono muscular que dificulta la movilización de las articulaciones, tanto de manera activa como pasiva y que hace que dicha movilización sea a veces dolorosa. Irónicamente, la espasticidad leve, de hecho ayuda a mejorar la tonificación muscular de las piernas, que es importante para sostener el peso del paciente al andar. La espasticidad leve, por lo tanto, debería tratarse haciendo ejercicios, que mejoran el grado de movilidad, varias veces al día. Desde hace mucho tiempo, se recomienda el fármaco baclofeno para aliviar espasticidades más severas. Se puede administrar tanto por vía oral como a través de una bomba implantada, que parece haber ayudado drásticamente a mejorar muchos casos de espasticidad. Los efectos secundarios son molestos e incluyen confusión, somnolencia, y una sensación de entumecimiento en las piernas que hace difícil ponerse en pie. Un fármaco oral más nuevo, la tizanidina (Sirdalvo) tiene efecto al cabo de una semana de iniciar el tratamiento. En un estudio, el 75% de los pacientes a los que se les administró tizanidina notaron mejora y no experimentaron la debilidad de piernas que habían notado cuando se les administró lioresal. Los efectos secundarios incluyen mareos, somnolencia, sequedad de boca y fatiga. El fármaco diazepam (Valium) también se utiliza para la espasticidad y es especialmente útil para pacientes que también sufren ansiedad. La dependencia es el principal problema del diazepam, junto con los mareos, la somnolencia y la confusión. No se debería recetar esta medicación a pacientes severamente deprimidos. Se ha demostrado que la nabilona, una forma sintética de la marihuana, alivia el dolor de los espasmos musculares en algunos pacientes. En casos muy graves, en los que la medicación y el ejercicio no han dado buenos resultados, se puede considerar la opción de la cirugía. Para el tratamiento de la espasticidad facial se puede recurrir a las inyecciones de toxina botulínica.
La disfunción vesical es un problema especialmente molesto y muy común, que afecta a dos tercios de los pacientes de EM. A menudo se manifiesta en forma de incontinencia o urgencia (también llamada vejiga hiperactiva o irritable). Las personas que sufren incontinencia o urgencia necesitan orinar frecuentemente o no son capaces de llegar al servicio antes de que se produzcan las fugas. En estos casos, la vejiga es más activa de lo normal; cuando llega a su capacidad máxima, los nervios transmiten adecuadamente la señal de que la vejiga está llena al cerebro, pero la necesidad de evacuar no se puede suprimir voluntariamente, ni siquiera de manera temporal. Para reducir las dificultades sociales, los pacientes no deben beber líquidos antes de ir a sitios en los que no se pueda acceder fácilmente a un servicio. Siempre que sea posible, deberían orinar cada tres o cuatro horas. Existen varios medicamentos para la incontinencia urinaria, entre los que se encuentran fármacos anticolinérgicos, como la propantelina bromina (Probanthine), la tolterodina (Detrol), o la oxibutinina (Ditropan).

Algunos pacientes sufren retención urinaria. Algunas veces la micción se puede estimular simplemente apretando la zona de la vejiga con el puño o con la mano, haciendo presión o forzando la zona. Los fármacos que han sido testados para este fin y con los que se ha obtenido un éxito relativo, son la desmopresina (DDAVP), que normalmente se utiliza para las fugas nocturnas de los niños, y la maprotinlina (Ludiomil), un antidepresivo. Si la medicación no resulta eficaz es posible que se tenga que recurrir a una sonda, ya sea para que el paciente la utilice intermitentemente o situada en el tracto urinario.

Existen varios procedimientos quirúrgicos nuevos para rectificar la vejiga o para desviar el flujo urinario, que pueden resultar eficaces en casos de disfunción vesical severa. Es importante tener en cuenta que los síntomas urinarios, a menudo se mantienen intermitentes durante años, por lo que el tratamiento recomendado para la disfunción vesical, se debería limitar a la medicación y otras terapias reversibles, durante el máximo tiempo posible.

Las infecciones en el tracto urinario son muy frecuentes en pacientes de EM y en el momento que aparezca un aumento repentino de los síntomas, ya sea fiebre o cualquier cambio en los síntomas de la vejiga, es aconsejable realizar un análisis de orina. El tratamiento consiste en una pauta de antibióticos adecuada. Para prevenir las infecciones, es importante que los pacientes beban mucho zumo de arándano.

La disfunción de los intestinos, que incluye constipación o incontinencia fecal, supone un serio problema para muchos pacientes de EM. El estreñimiento, o constipación, puede estar causado por la misma enfermedad, o por la medicación administrada para tratar espasmos o otros síntomas. Este tipo de pacientes, debe beber dos litros de agua al día y evitar el consumo de bebidas que contengan cafeína, ya que son especialmente deshidratantes. Además, deben seguir una dieta alta en fibra, con granos integrales (especialmente salvado, avena o fibra de lino), fruta fresca (especialmente ciruelas) y verdura. Es posible que se tenga que recurrir a agentes que aumentan el gas intestinal, como el psyllium (Metamucil), ya sea con o sin ablandador de la defecación. El riesgo de perder el control a lo largo del día, disminuye con el hábito de ir al servicio diariamente a la misma hora, en concreto después de una comida, y se espera allí hasta que se produzca la defecación. (Los pacientes pueden aprovechar para leer, hacer llamadas o escribir.) También es muy importante hacer ejercicio para combatir el estreñimiento. Los laxantes, los enemas o la irrigación colónica, a la larga pueden hacer que los intestinos actúen más lentamente y pueden producir desequilibrios en electrolitos, por lo que es favorable que los pacientes no se vuelvan dependientes a ellos.
La mayoría de temblores pueden ser muy molestos y son especialmente difíciles de tratar. Los fármacos más utilizados para el tratamiento del temblor son el propranolol y la primidona. Si éstos fallan, cabría utilizar el clonacepam. Una alternativa terapéutica relativamente novedosa para el tratamiento del temblor es la gabapentina. La aplicación de peso en la extremidad afectada ha resultado favorable en aproximadamente el 20% de los casos. La cirugía es muy poco aconsejable.
Entre un 1% y un 2% de los pacientes sufren dolor facial. Si con los calmantes que no necesitan recetan receta, no se consigue aliviar el dolor facial, se puede tratar medicamentos anticonvulsivos. Normalmente, el fármaco más usado es la carbamazepina (Tegretol). Otro fármaco calmante llamado gabapentina (Neurontin), puede resultar muy eficaz. También se pueden administrar otros fármacos para este síntoma, entre los que se incluyen la fenitoína (Dilantin), diazepam (Valium) o pimozide (Orap), y el antidepresivo amitriptilina (Tryptizol). En caso que persista el dolor intenso y que este interfiera en las actividades cotidianas, algunos pacientes optan por someterse a una pequeña intervención quirúrgica para que se les extraiga o se les bloquee un nervio. Esta operación alivia el dolor pero provoca entorpecimiento. Antes de que los pacientes se sometan a este tipo de intervención, es conveniente que el facultativo les bloquee el nervio temporalmente con una anestesia, para que puedan experimentar la sensación de entorpecimiento, sin tener que someterse a una intervención irreversible.

Otro tipo de dolores y síntomas relacionados con los espasmos, que pueden aparecer durante los ataques, son ardor, picor, ansia, dificultad en el habla y sensación de estremecimiento. Normalmente, se producen en las extremidades y duran unos segundos o unos minutos. Algunas personas han asegurado sentir picores de hasta 30 segundos. Todos estos síntomas normalmente, se pueden tratar con carbamazepina. Otro tratamiento utilizado para el dolor neuropático es la oxcarbazepina (trileptal).

La disfunción sexual es un problema común, que afecta al 80% de los hombres y al 72% de las mujeres. Los hombres tienen más tendencia a sufrir impotencia y las mujeres a tener problemas de lubricación vaginal. Los corticoesteroides, que algunas veces se usan para otros síntomas de la EM, también mejora la disfunción sexual. Los pacientes no deben temer hablar con su médico sobre su sexualidad.
Entre un 25% y un 50% de los pacientes de esclerosis múltiple sufren depresión y el tratamiento de este trastorno es importante. Todavía no está claro si la depresión es un síntoma primario o secundario respecto a otros trastornos propios de la enfermedad. El médico debe examinar al paciente para determinar si sufre depresión, a pesar de que no haya síntomas aparentes de que sea así. Los antidepresivos conocidos como tricíclicos pueden aportar ciertas mejoras para la EM, además de controlar la depresión severa. La amitriptilina (Tryptizol), por ejemplo, puede resultar eficaz para aliviar los cambios extremos de humor que a menudo sufren los pacientes de EM. Esta incontinencia emocional, la incapacidad de controlar las emociones, puede trastornar más a algunos pacientes que los síntomas físicos. Otros fármacos ticíclicos son la desipramina (Norpramin y Pertofrane) y la imipramina (Tofranil), que en algunos pacientes provocan reacciones adicionales que mejoran los síntomas de la vejiga. Estos fármacos, sin embargo, pueden tener graves efectos secundarios. Existen otros fármacos más nuevos, conocidos como SSRIs (inhibidores de serotonina) entre los que se encuentran la fluoxetina , la sertralina y la paroxetina, que pueden ser mejor tolerados.